Analisis

Varios cientos de miles de personas participaron en la movilización del 10 de septiembre. Desde el amanecer hasta el anochecer, el movimiento se desarrolló de diferentes formas: bloqueos, concentraciones, manifestaciones, piquetes y asambleas generales. El ambiente era radical y combativo. Los jóvenes dominaban las marchas, especialmente en las grandes ciudades.

¿Si basta armarse con un revólver para logar el objetivo, para qué los efectos de la lucha de clases? Si un dedal de pólvora y un poco de plomo bastan para atravesarle el cuello al enemigo y matarle, ¿para qué hace falta una organización de clase?

—León Trotsky, «Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual»

Los manifestantes han incendiado el Parlamento federal, el Tribunal Supremo, las sedes de los partidos políticos y las viviendas de altos cargos políticos. El primer ministro ha dimitido, junto con toda una serie de ministros del gabinete. El ejército está evacuando a los políticos de sus hogares. Tras soportar años de pobreza extrema, los jóvenes nepalíes han dicho basta. Han entrado en la escena histórica.

Reproducimos aquí la traducción de un artículo de Unité CGT, el ala izquierda de la Confederación General del Trabajo (CGT) en Francia, que representa a un número significativo de sus federaciones industriales y sindicatos departamentales. En él, Unité CGT llama a los trabajadores y a sus organizaciones sindicales a sumarse al grito de guerra «Bloquons tout!» (¡Bloqueemos todo!) y paralizar Francia el 10 de septiembre. Piden que esta movilización se amplíe para incluir ocupaciones de fábricas y una huelga general.

Los jóvenes y los estudiantes han desempeñado un papel protagonista en este movimiento revolucionario. Millones de trabajadores pobres han salido a las calles en todo el país. Esto basta para demostrar el poder de la clase obrera y hacer temblar a la clase dominante. Pero no es suficiente para conseguir nuestras reivindicaciones, y mucho menos para alcanzar nuestro objetivo final, que es una transformación fundamental de nuestras vidas y de la sociedad, y la abolición de la explotación, la opresión y el empobrecimiento de la clase trabajadora, mientras los ricos siguen enriqueciéndose.

En una semana, lo que comenzó como manifestaciones con carácter semi insurreccional se ha convertido en un levantamiento revolucionario pleno que no da señales de detenerse. No solo se están derribando edificios gubernamentales y comisarías de policía, sino que, lo que es más importante, está rompiendo el letargo masivo que ha mantenido al pueblo encadenado. Ha comenzado una revolución.

Salvo que se produzca un giro inesperado, Bayrou, el primer ministro de Francia, caerá el 8 de septiembre. Solo un suicidio político de los diputados del PS permitiría salvar a este gobierno tan impopular. Por ahora, Olivier Faure, dirigente del Partido Socialista, y sus amigos no están dispuestos a ello.

Por primera vez en 20 años, el MAS ha perdido las elecciones presidenciales. Y no ha sido una derrota cualquiera. De haber ganado casi el 55% de los votos en 2020, ahora la sigla del MAS apenas llegó al 3%. En su lugar, en segundo puesto, con el 26.7% de los votos válidos está Tuto Quiroga, vicepresidente de Banzer, y el mismo que perdió las elecciones de 2005 contra Evo Morales. En primer puesto, con más del 30%, Rodrigo Paz y su vicepresidente el "capitán Lara" tuvieron una victoria sorpresiva, ya que las últimas encuestas antes de las elecciones los posicionaban con menos del 9% del voto. Adicionalmente, es necesario resaltar otro resultado inusual: los votos nulos y blancos en total

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La hambruna está devastando Gaza. Durante las últimas semanas, las imágenes más espantosas han salido del territorio ocupado, mostrando a hombres, mujeres y niños reducidos a piel y huesos. Un millón de niños en Gaza, la mitad de la población, corren el riesgo de morir de hambre. Al menos 180 palestinos, entre ellos 93 niños, ya han muerto de desnutrición y decenas mueren de hambre cada día.

Desde antes de que la actual administración Trump asumiera el poder, Estados Unidos ha estado imponiendo aranceles comerciales agresivos en todo el mundo. En 2019, impuso aranceles al acero brasileño; en 2023, le tocó el turno al azúcar. China, Rusia, Venezuela, Irán y muchos otros países que han desafiado la hegemonía estadounidense se han enfrentado a sanciones, barreras económicas e incluso a la intervención militar.

Las noticias procedentes de Alaska causaron conmoción en todas las capitales europeas. No me refiero, por supuesto, a los ciudadanos de a pie, sino a esa élite especial de hombres y mujeres sabios a quienes les gusta autodenominarse nuestros líderes.

Tras casi tres meses de protestas en decenas de países, con el apoyo de activistas y organizaciones que representan a millones de trabajadores, todos los presos políticos del Comité de Acción Awami de Gilgit-Baltistán (AAC-GB) han sido puestos en libertad bajo fianza. Ninguno ha sido absuelto todavía: la lucha continúa. Pero esta gran victoria es una prueba del inmenso poder de la solidaridad internacional.