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Las manifestaciones y la huelga del 22 de septiembre han marcado un punto de inflexión decisivo. Toda la rabia y el disgusto acumulados ante las acciones cada vez más feroces del Estado de Israel, toda la indignación por la complicidad y la repugnante hipocresía del Gobierno italiano y de los Gobiernos occidentales, se han vertido finalmente en las manifestaciones que se han extendido por todo el país.

Durante tres días consecutivos, a partir del 15 de septiembre, protestas masivas sacudieron Timor Oriental. Comenzó como una protesta contra el plan del Gobierno de adquirir coches de lujo para los miembros del Parlamento, pero rápidamente se convirtió en una expresión de la ira generalizada hacia todo el sistema político. Fueron las mayores protestas masivas en años. El régimen, horrorizado por estas protestas —y por lo que había ocurrido en Indonesia y Nepal—, se apresuró a hacer concesiones.

Estas manifestaciones siguieron una trayectoria similar a las de Nepal e Indonesia en las últimas semanas: la ira de los jóvenes por los excesos del lujoso estilo de vida de los políticos

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Brasil se enfrenta a la mayor agresión externa desde el golpe de 1964. El mismo verdugo imperialista que articuló e impulsó la dictadura militar, Estados Unidos, impone ahora una política proteccionista de aranceles del 50 % sobre la economía brasileña. Los objetivos alegados por Trump son la liberación del expresidente Jair Bolsonaro, nostálgico de aquella dictadura militar, y la supuesta «corrección de los malos tratos» a las empresas tecnológicas estadounidenses.

Un día, parece que un país está en calma y que la camarilla gobernante está firmemente afianzada en el poder. Al día siguiente, las masas revolucionarias se plantan frente al edificio del Parlamento en llamas. La policía se ha ido, los diputados han huido y también el primer ministro. Las fotografías y los vídeos que han salido recientemente de Nepal son asombrosos. También son sorprendentemente similares a las escenas que ya hemos visto: en Sri Lanka, Bangladesh,...

La movilización del 18 de septiembre fue masiva: más de un millón de manifestantes, numerosos bloqueos y un importante índice de huelguistas en el transporte, la educación nacional y otros servicios públicos. En cuanto a las hordas de «alborotadores» profetizadas por el ministro del Interior Bruno Retailleau, no aparecieron.

Entre todas las noticias de la semana pasada, desde los acontecimientos revolucionarios en Indonesia y Nepal hasta el tiroteo de Charlie Kirk, se está desarrollando una grave crisis política en Francia que ha dado lugar al movimiento Bloquons tout (Bloqueemos todo).

Desde el nombramiento de Sébastien Lecornu, el 9 de septiembre, los grandes medios de comunicación nos repiten la misma cantinela que en los primeros días de Barnier y Bayrou en Matignon: el nuevo primer ministro es un hombre de «diálogo» y «compromiso», un «negociador» afable y apreciado por las oposiciones parlamentarias; en definitiva, el equivalente político del yerno ideal.

Durante algún tiempo, los desfiles militares fueron vestigios oscuros del pasado. El imperialismo estadounidense era demasiado poderoso. Cualquier otro país que mostrara su poderío militar ante el mundo no haría más que subrayar la gran discrepancia entre Estados Unidos y el resto. Ya no es así.

Varios cientos de miles de personas participaron en la movilización del 10 de septiembre. Desde el amanecer hasta el anochecer, el movimiento se desarrolló de diferentes formas: bloqueos, concentraciones, manifestaciones, piquetes y asambleas generales. El ambiente era radical y combativo. Los jóvenes dominaban las marchas, especialmente en las grandes ciudades.

¿Si basta armarse con un revólver para logar el objetivo, para qué los efectos de la lucha de clases? Si un dedal de pólvora y un poco de plomo bastan para atravesarle el cuello al enemigo y matarle, ¿para qué hace falta una organización de clase?

—León Trotsky, «Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual»

Los manifestantes han incendiado el Parlamento federal, el Tribunal Supremo, las sedes de los partidos políticos y las viviendas de altos cargos políticos. El primer ministro ha dimitido, junto con toda una serie de ministros del gabinete. El ejército está evacuando a los políticos de sus hogares. Tras soportar años de pobreza extrema, los jóvenes nepalíes han dicho basta. Han entrado en la escena histórica.

Reproducimos aquí la traducción de un artículo de Unité CGT, el ala izquierda de la Confederación General del Trabajo (CGT) en Francia, que representa a un número significativo de sus federaciones industriales y sindicatos departamentales. En él, Unité CGT llama a los trabajadores y a sus organizaciones sindicales a sumarse al grito de guerra «Bloquons tout!» (¡Bloqueemos todo!) y paralizar Francia el 10 de septiembre. Piden que esta movilización se amplíe para incluir ocupaciones de fábricas y una huelga general.