Hoy, la voz de orden en la Europa “civilizada” es armarse hasta los dientes. En lugar de las agradables promesas de paz, progreso y bienestar con que suelen adormecer nuestras conciencias, la perspectiva que nos ofrecen es guerra, destrucción y padecimiento. Como en los dramas de la antigua Grecia, el rostro alegre de Talía cede paso al semblante severo de Melpómene, la tragedia es llamada al escenario. Sea así, preferimos que se muestre el verdadero rostro del capitalismo y no su máscara.